Dioses y videojuegos

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Definir la palabra Dios es un tema bastante complicado y peliagudo, como bien saben los ignosticistas. En esta entrada nos referimos al uso tradicional y “popular” de dicho vocablo, entendiendo por dios o deidad, una entidad superior, omnipresente, y al menos parcialmente omnipotente, que tiene cierto o total control sobre los fenómenos del cosmos y su evolución, y que como no podía ser menos, también resulta ser un tema “candente” y recurrente en el mundo de los videojuegos; aspecto que trataremos en Flopgames, esperando como siempre vuestros enriquecedores comentarios y opiniones. Así que si te consideras un buen gamer, seas creyente o no, sigue leyendo que esto promete…

Desde un punto de vista técnico, hay que admitir, independientemente de nuestra fe, que el concepto de Dios nace de la razón humana y sus limitaciones. Es un “parche” que nuestro entendimiento, que por alguna extraña razón funciona de manera lineal, causal y continua (A->B->C->…infinito), pone a la sucesión infinita y ascendente de la relación causal de los fenómenos. En otras palabras, Dios nace de las incesantes preguntas “por qué” o “de dónde” del típico niño pesado que despoja a sus padres de argumentos para justificar absolutamente la totalidad de todo lo que se les pregunta.

Sin embargo, el hecho de que nuestro cerebro trabaje de la manera expuesta (linealidad y causalidad) no implica necesariamente que el resto del Universo fenoménico se comporte de esta manera. Un buen ejemplo lo ha observado la Física cuando en los albores del siglo XX descubrió que algunos de sus objetos de estudio como la luz, que tradicionalmente se habían supuesto continuos podían y de hecho se comportaban, eventualmente, como fenómenos discontinuos y puntuales.

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Bien sea para cogernos una cogorza en la fiesta de turno o para generar fortalezas monumentales, está claro que en los videojuegos existe una continuidad causal que nos lleva, en efecto, a aparecer ahogados en la piscina del chalet o perder nuestra edificación por haber puesto sólo arqueros en vez de cañones… xD

Esto es lo que sucede por ejemplo en títulos como Sims, Civilization o Age of Empires. El universo “dentro” del videojuego tiene una clara linealidad, pues nuestras acciones condicionan la partida (¿de qué otra forma podríamos jugar sino?). Sin embargo, existe una clara discontinuidad entre el “Universo” del videojuego y el nuestro. Inteligencias virtuales podrían, en efecto, ver que su Universo evoluciona conforme a unas leyes regulares (unas leyes físicas, como dice S. Hawking) y sin embargo estar siendo controlados por una fuerza superior que no está contenida en ese Universo, por lo que no obedece sus leyes causales y tampoco puede, por consiguiente, ser detectada por dichas leyes mecánicas. En otras palabras: ¿”Dios” se divierte con nosotros sin que nosotros nos demos cuenta? Tenía un amigo, Anthrox, que siempre bromeaba con este tema diciendo que nuestro cosmos es una gran caja de zapatos con bichos (nosotros) que cuando mueren es porque alguien de “ahí fuera” se aburre y los aplasta con su dedo (que a juzgar por el tamaño debe ser la “mano final” de Smash Bros la que le sirvió de inspiración). Comentarios y rudeza del modelo aparte, el debate queda abierto.

Otro tema bastante polémico es el moral. ¿Dios es bueno, malo, o se la pelamos completamente? En un lenguaje un poco más técnico: ¿proporciona Dios un modelo ético consistente, infalible e irrefutable? En las religiones monoteístas occidentales principales (Cristianismo, Judaismo e Islam) se acostumbra a atribuir a Dios cuatro características básicas y al mismo tiempo definitorias: 1) es único (monoteísmo); 2) es omnipotente (todo lo puede); 3) es omnipresente (o sea, ubicuo) y… 4) es todo bondad.

Los puntos 2) y 4) presentan claros dilemas. El problema de 2) quedaría resumido en la famosa paradoja: ¿puede Dios crear una piedra tan pesada que ni él mismo pueda levantar? Tenemos dos respuestas a este interrogante: o bien deshacemos la indeterminación suponiendo que nuestro cerebro “cortocircuita” al tratar con infinitos (como ya vimos anteriormente), o bien suponemos que el concepto de omnipotencia es contradictorio e imposible (al menos desde un punto de vista lógico – formal). Por su parte, en el supuesto de que Dios fuera omnipotente, tanto podría ser “bueno” como “malo”, calificativos que aunque no han sido definidos, presuponen un tipo de comportamiento particular excluyente el uno con respecto al otro, con lo que el punto 4) no se cumpliría. I.Kant, en su monumental y complicada Crítica de la Razón Práctica, encontró una definición provisional que unificaba los conceptos de “Dios”, ley moral y felicidad, solucionando el problema anterior. Para el filósofo alemán, la ley moral y la felicidad coinciden “en el infinito”. Dios sería por tanto, un ente modélico al que tiende un ser humano finito en un tiempo infinito (en el más allá). Esto explicaría porque durante nuestras vidas (tiempo finito) los más virtuosos no son necesariamente los más felices (algo que sabemos de la vida cotidiana) pero en un tiempo infinito, gracias a ese ser regulador, sí lo serán. Todo esto es muy bonito, pero también lo es igual de especulativo… Dejo al lector su propia reflexión.

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¿Quién dijo que Dios tenía que ser bueno? Con lo que mola destruir civilizaciones con rayos mágicos y hacer que parezca una catástrofe natural…

Volviendo a la otra postura, en la que Dios no necesariamente manifiesta un único comportamiento, tenemos claros ejemplos como Black & White, donde el jugador puede adoptar tanto una faceta productiva y a favor de los aldeanos (lo que familiarmente llamamos “bueno”) como en su detrimento y destrucción (“malo” en el argot común). En nuestro universo desde luego, la batalla contra el caos está perdida desde hace mucho y no es una cuestión moral, sino de simple estadística. El segundo principio de la Termodinámica dice que la entropía (magnitud que mide el “desorden”) es proporcional al número de estados internos de un sistema, pero como sabemos, sólo unos pocos de esos estados son ordenados (un vaso de vidrio por ejemplo, sólo tiene una configuración como “vaso”, pero tiene muchísimas configuraciones posibles si está roto y desperdigado por el suelo). En este juego sucede lo mismo: es mucho más difícil ser bueno y cuidar a la gente porque se requiere mucha más energía adicional, que ser malo, destruir y putear a los aldeanos y no adoptar sólo una postura defensiva en el juego. Y que conste, aprovecho para decir, que no estoy justificando la “maldad”, ya que el lector debería derivar de este párrafo que siendo malo precisamente no se consigue nada productivo a largo plazo, aunque en el corto plazo todo parezca “maravilloso”.

En títulos como Age of Mythology, Zeus, Grandia II, God of War o Kid Icarus, no existe uno, sino varios dioses. Son las denominadas religiones politeístas, comunes en los antiguos imperios y civilizaciones, que han ido dejando paso, con la homogeneización de las costumbres, a las religiones monoteístas, lo cual para personajes como Nietzsche, por ejemplo, es un reflejo de la decadencia de la sociedad occidental y el predominio de la “moral de los débiles”, pues según él son los antiguos dioses politeístas los que reflejan las pasiones y debilidades humanas, frente a una moral antivitalista heredada del sistema judeo-cristiano-platónico. Posturas radicales aparte, lo que sí está claro es que los dioses politeístas están antropomorfizados, con lo que nunca pueden ser referentes morales perfectos a seguir.

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Los dioses de la antigüedad tenían características similares a los seres humanos. Tenían que ser honrados con tributos, sino se mosqueaban con facilidad. También se dedicaban a luchar y a fornicar entre ellos, lo que por ejemplo en la civilización griega dio lugar a toda una mitología, que podéis leer aquí para debatir posteriormente con nuestro famoso historiador, Bertacas.

Para rematar diré que hace no mucho leí que unos físicos estaban intentando comprobar si nuestro Universo es, de hecho, una simulación artificial de una civilización más avanzada (¿nosotros mismos en un futuro lejano, quizá? xD). Aunque harto improbable que pueda analizarse en detalle algo así a escala tan grande, no dejaría de ser sino algo similar a todo lo que hemos hablado hasta ahora. Y visto lo visto, creamos o no en la existencia de un ser superior, de lo que sin duda deberíamos sospechar es precisamente de todos aquellos sistemas que auguran con certeza absoluta conocer las características de dicho Dios, es decir, las religiones. En efecto, Dios podría existir y ser de muchas “formas, colores y tamaños”, queridos lectores…

Escrito por Knuck. Idea original de Masterfap.

2 Responses to Dioses y videojuegos

  1. Clay dice:

    Interesante artículo. La verdad es que la presencia en los videojuegos de los dioses es un tema recurrente. Especialmente en aquellos juegos que se empeñan en presentarlos como enemigos muy poderosos y difíciles de batir XD

  2. […] Flop Games: Dioses y videojuegos […]

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