Análisis Outland : El Prince of Persia del Yin Yang

La eterna lucha entre el bien y el mal es un conflicto tan antiguo como el propio mundo… o puede que incluso más. No obstante, la línea que separa uno del otro no está siempre demasiado clara, como reza ese dicho popular, no todo es blanco y negro. Outland es un buen ejemplo de ello, aquí existe el bien y el mal, pero son azul y rojo respectivamente. Y por el medio, los matices no son grises, sino amarillos. ¿Quieres ojear el análisis de Outland? Sigue leyendo, pero ya te avisamos, que se trata de un juego bastante recomendable.

Desarrollado por Housemarque (estudio indie responsable de Dead Nation, entre otros) para las plataformas de descarga de Microsoft y Sony, Outland está actualmente disponible para Xbox360 y PS3 por unos 10€ aproximadamente. Siendo descargable, y con ese precio, ya tenemos claro que Outland no es una súper producción del ocio electrónico. Es un juego independiente y humilde, pero con calidad suficiente para satisfacer a los jugadores más exigentes. Housemarque es consciente de las limitaciones en cuanto a divulgación y popularidad de un título así, pero eso no les impidió ser ambiciosos con respeto al éxito de Outland. Y no fueron los únicos que vieron potencial en este juego, porque la compañía gala Ubisoft debió de ver algo en este título cuando fueron los encargados de la distribución de Outland.

Puede que en Ubisoft vieran las posibilidades de Outland de convertirse en el heredero del legendario Príncipe de Persia, ya que el estilo de juego del título de Housemarque recuerda mucho a las primeras aventuras del famoso Prince. Un estilo de juego que mezcla como nadie las plataformas con la acción, y leves toques de aventura y exploración. Saltar, rebotar y pegar a los enemigos es la máxima de este Outland. Una fórmula de juego que también se parece a la famosa fórmula Metroidvania, empleada por varios títulos de las sagas Metroid y Castlevania, que utilizando este estilo de juego, obtienen casi siempre un gran éxito.

La peculiaridad de Outland viene dada por la dualidad bien-mal, luz-oscuridad, etc. Un sistema de cambio de bando parecido al del genial Ikaruga, permite que nuestro protagonista oscile constantemente entre los colores rojo y azul. El mundo de Outland tiene trampas y enemigos de estos dos colores, y mientras tengamos el mismo color, no sufriremos daño de ese color. No obstante, la única manera de derrotar a los enemigos de idéntico color, es teniendo nosotros el color contrario. Este sistema no resulta nada complicado, y una vez le pillamos el truco, resulta muy práctico y gratificante superar constantes obstáculos cambiando de color a toda velocidad.

Saltar, esquivar pinchos, saltar, matar enemigos, saltar, correr, deslizarse, saltar, rebotar, romper paredes y como no, saltar. Outland es en esencia un plataformas de vieja escuela, donde los saltos apurados, y los enemigos simples, pero que incordian con su patrón de movimiento fijo, son la clave. En los distintos niveles del juego debemos superar una pantalla tras otra hasta que llegamos al jefe final de nivel, mejor incluso si entretanto conseguimos orbes de los dioses y dinero para comprar mejoras. Los jefes son una serie de enemigos más grandes y contra los que debemos emplear todo nuestro ingenio para acabar con ellos. Para superar estas adversidades aparte de con nuestras acrobacias y nuestra espada, tenemos una serie de poderes que iremos adquiriendo a medida que superamos fases. Estos poderes, que gastan puntos mágicos, nos permiten lanzar un haz láser, romper paredes de piedra, hacer un ataque en picado, etc. Estos poderes, unidos a la presencia de diversos santuarios que nos ayudan a mejorar nuestra barra de vida y de magia, facilitan nuestra tarea de salvar el mundo.

Outland está compuesto por 5 niveles, más uno pequeño que sirve de tutorial. Es un juego con una duración y una dificultad justa, entorno a las 7-9 horas de duración, y un modo campaña que nos costará unos cuantos intentos en los jefes y niveles más difíciles, pero nunca suponiendo algo insuperable. En este aspecto no hay mucho que achacarle al juego, igual que en su óptimo control. Si nos podemos en cambio quejar de la rejugabilidad de la campaña, o de la ausencia de otros modos de juego. Aparte de la campaña principal, solo tenemos un modo arcade, que nos invita a superar las mismas fases pero con límite de tiempo, y un modo de desafíos cooperativos online. Este contenido multijugador puede estar interesante, no lo sé, porque gracias a la ausencia de multijugador local estos niveles solo pueden jugarse online, y no he podido probarlos todavía. Y es que el problema de Outland viene de que actualmente no hay nadie jugando en línea, con lo que resulta imposible probar este modo de juego si no tenemos algún amigo que también tenga el juego. Una pena, ya que no creo que hubiera costado mucho implantar la posibilidad de jugar a este modo cooperativo en local, algo que sin duda le hubiera dado más puntos al juego.

Outland tiene un argumento completamente prescindible. En este caso la historia es testimonial, y la trama es únicamente una justificación banal al servicio de la jugabilidad. Encarnamos a un héroe antiguo que tiene la obligación de salvar al mundo de la destrucción, y para ello debe derrotar a las Dos Hermanas, que representan la luz y la oscuridad. Para ello debemos derrotar a los malvados espíritus de La Jungla, El Inframundo, La Ciudad, El Cielo y La Eternidad. Como podeis ver, no es un apartado demasiado fundamental para disfrutar del juego.

En cambio el apartado técnico si que es uno de los puntos fuertes, o débiles si no nos gusta el estilo gráfico, del título. En lo referente al sonido no tenemos mucho que decir, no hay voces salvo un narrador que sirve de nexo entre capítulos, las melodías del juego tampoco son muy reseñables, y los sonidos y gritos, nada originales. Cumplen sin más. Gráficamente como veis en las imágenes o vídeos, nos encontramos que Outland es muy original. Con un contraste entre los colores negros predominantes, y los rojos-azules de los detalles. Ni los fondos ni los enemigos tienen demasiado detalle, pero Outland no busca eso. El juego juega con la luz, con los colores, y con un humilde y sencillo entorno 2D, que en honor a la verdad, le sienta como un guante al videojuego.

Resumiendo, Outland es un juego muy interesante. Un plataformas de esos que gustan jugar de cuando en cuando a todo jugador hardcore que se precie. Las semejanzas con los Metroidvania o PoP son evidentes, pero justificadas. El uso de la dualidad bien-mal como en Ikaruga, también es algo interesante. El apartado gráfico peculiar, es tan probable que te encandile como que lo aborrezcas, pero cuanto menos no pasa desapercibido. La campaña es lo suficientemente larga y difícil para suponer un reto, pero es una lástima que no haya más modos de juego, o una comunidad online más activa para los desafíos cooperativos que espero probar algún día. Recomendado para todos aquellos que disfrutan de este estilo de juegos, con su tradicional, aunque siempre efectiva, fórmula jugable.

  Lo más FAP:

-Estilo de juego tradicional. Una fórmula conocida, pero que funciona.

-Personalidad propia, tanto en el apartado gráfico, como en el desarollo de niveles, colores y demás.

-Campaña bastante larga y con una dificultad bien medida.

-Un plataformas indie pero ambicioso. Se nota que aspira a convertirse en un referente del género.

-La dualidad bien-mal, luz-oscuridad, siempre resulta un tema interesante.

Lo más FLOP:

-Le falta algo de calidad a las melodías. No estaría de más un apartado sonoro más cuidado en general.

-Que los desafíos multijugador solo se puedan jugar online. Hubiera sido estupendo que diera la posibilidad de jugarlos en cooperativo local.

-El argumento es completamente prescindible.

-En los últimes niveles, puede hacerse repetitivo. No deja de ser lo mismo una y otra vez, saltar y golpear, y en escenarios casi siempre muy parecidos entre ellos.

-Nula actividad de la comunidad online.

Escrito por Clay.

One Response to Análisis Outland : El Prince of Persia del Yin Yang

  1. Knuck dice:

    La verdad es qe el juego tiene una pinta tremenda. A mí siendo de la vieja escuela, seguro que me mola. Gran trabajo Clay!

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